LO AGRIO Y DULCE DEL LIMÓN
De
mediana estatura, piel morena, con su ropa rasgada y una mirada llena de
esperanzas, María recorre las frías calles de la ciudad de Latacunga, en su
espalada lleva el sacrificio y la alegría de toda su familia, “todos los de la
familia salimos a vender limones para
poder comer y tener plata”, menciona María.
En su corta edad tiene dos compromisos, estudiar para ser
alguien en la vida y trabajar para ayudar en su hogar. Sn embargo las madrugadas no son impedimento para realizar
la actividad de comerciante, la familia se dispersa en diferentes sitios hasta el mediodía, para después reunirse,
juntar sus ganancias y alimentarse.
Luego
de saciar su hambre, empieza nuevamente el agrio sacrificio y la dulce
recompensa, pues para María recorrer las calles con una sonrisa es necesario
para poder vender sus limones y satisfacer a sus clientes.
“Lleve,
lleve sus limones” es la frase que su madre le enseñó y la misma que seguirá
utilizando, ya que el sueño de ella es tener un local grande lleno de frutas,
donde no existan autoridades que le priven de realizar su trabajo.
Los
juegos, regalos y viajes no son
importantes para María, su alegría es ayudar a su madre para así verla feliz,
aunque ella tenga que privarse de su propia infancia.
La
dicha más grande para María es vender sus limones, aunque para varias personas
este sea un producto agrio, para ella es la más dulce recompensa.
A
sus 12 años todavía tiene mucha energía para su trabajo. Para María terminar un
día de trabajo y saber que puede ayudar a su familia, es una gran satisfacción.
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