viernes, 1 de julio de 2016

LO AGRIO Y DULCE DEL LIMÓN


De mediana estatura, piel morena, con su ropa rasgada y una mirada llena de esperanzas, María recorre las frías calles de la ciudad de Latacunga, en su espalada lleva el sacrificio y la alegría de toda su familia, “todos los de la familia salimos a vender limones  para poder comer y tener plata”, menciona María.
 En su corta edad  tiene dos compromisos, estudiar para ser alguien en la vida y trabajar para ayudar en su hogar. Sn embargo  las madrugadas no son impedimento para realizar la actividad de comerciante, la familia se dispersa en diferentes  sitios hasta el mediodía, para después reunirse, juntar sus ganancias y alimentarse.
Luego de saciar su hambre, empieza nuevamente el agrio sacrificio y la dulce recompensa, pues para María recorrer las calles con una sonrisa es necesario para poder vender sus limones y satisfacer a sus clientes.
“Lleve, lleve sus limones” es la frase que su madre le enseñó y la misma que seguirá utilizando, ya que el sueño de ella es tener un local grande lleno de frutas, donde no existan autoridades que le priven de realizar su trabajo.
Los juegos, regalos y  viajes no son importantes para María, su alegría es ayudar a su madre para así verla feliz, aunque ella tenga que privarse de su propia infancia.
La dicha más grande para María es vender sus limones, aunque para varias personas este sea un producto agrio, para ella es la más dulce recompensa.
A sus 12 años todavía tiene mucha energía para su trabajo. Para María terminar un día de trabajo y saber que puede ayudar a su familia, es una gran satisfacción.


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